Semana Santa 2025: una vivencia de fe, comunidad y esperanza

Con una fervorosa participación de fieles y un profundo espíritu de recogimiento, la Parroquia San Juan de Mata celebró las solemnes liturgias y actividades de la Semana Santa 2025, presididas por el párroco, Pbro. Carlos Melo. Este tiempo sagrado fue ocasión de renovación espiritual y comunión fraterna para toda la comunidad.

Las celebraciones comenzaron el Domingo de Ramos, con la tradicional procesión y bendición de los ramos, evocando la entrada de Jesús en Jerusalén. En su homilía, el padre Carlos Melo invitó a vivir esta Semana Santa con corazón dispuesto y mirada de fe, reconociendo en Cristo al verdadero Rey que se entrega por amor”.

Durante la semana, la parroquia ofreció múltiples espacios para el encuentro con Dios: bendición de niños y personas mayores, jornadas de oración, adoración al Santísimo y confesiones, en las que muchos fieles experimentaron la misericordia divina.

El Jueves Santo, la Misa de la Cena del Señor reunió a una comunidad emocionada, que revivió el don de la Eucaristía y el gesto del lavatorio de los pies, símbolo del amor que se hace servicio.

El Viernes Santo, con profundo respeto y recogimiento, se realizó el Vía Crucis comunitario, que recorrió las calles del barrio y convocó a numerosos vecinos, convirtiéndose en un auténtico testimonio público de fe. Posteriormente, la comunidad participó en la Liturgia de la Pasión del Señor, centrada en la lectura de la Pasión según San Juan y la adoración solemne de la Santa Cruz. Tras ello, fue el turno de la Procesión del Silencio.

El Sábado Santo, la Vigilia Pascual iluminó la noche con la luz del Cirio Pascual. La celebración incluyó la bendición del fuego, la liturgia de la Palabra, la renovación de las promesas bautismales y la solemne Eucaristía de la Resurrección. En su mensaje, el párroco expresó: “Cristo ha vencido a la muerte. Su Resurrección es fuente de esperanza para nuestras vidas y para el mundo”.

Finalmente, el Domingo de Pascua, la comunidad celebró con alegría la Resurrección del Señor. Con cantos, oraciones y un templo lleno de familias, la misa fue signo de una Iglesia viva, alegre y comprometida con el anuncio del Evangelio.

Estas celebraciones no solo fortalecieron la vida espiritual de los asistentes, sino que también renovaron el compromiso cristiano de vivir el Evangelio en la vida cotidiana.

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